Crítica | La Decisión de Partir: Un romance devastador

La Decisión de Partir traduce el deseo y la obsesión en un romance devastador que aunque está condenado a la tragedia, es una historia digna de vivir.

La Decisión de Partir traduce el deseo y la obsesión en un romance devastador que aunque está condenado a la tragedia, es una historia digna de escuchar.

Tras una larga espera, La Decisión de Partir —o Decision To Leave— ha llegado a cines mexicanos. Siendo una de las películas más aclamadas en el Festival de Cannes del año pasado, y con una gran colección de reconocimientos a su paso por diversos festivales, la más reciente producción de Park Chan-wook es una de las cintas que mayores expectativas han generado en el público que sigue su cine desde hace algún tiempo.

Sin embargo, si de algo goza La Decisión de Partir, es que a través de su estructura, dirección, y simplificada historia de romance y crímenes pasionales, es que más allá de ser un siguiente gran paso en la filmografía de Chan-wook, es una gran puerta para la audiencia que por primera vez experimenta el universo del cineasta.

La Decisión de Partir

Debajo del misterio

La Decisión de Partir sigue la historia de Jang Hae-jun (Park Hae-il), un detective de Busan que semanalmente visita a su esposa en el pueblo de Ipo, mientras enfrenta pesadas noches de insomnio debido a los varios crímenes sin resolver dentro de su carpeta. 

Tras presentarse un potencial homicidio en una de las montañas de la región, el detective y su compañero, Soo-Wan (Go Kyung-pyo), se encuentran interrogando a la esposa del fallecido: Song Seo-rae (Tang Wei) una misteriosa inmigrante china con rastros de abuso doméstico que ponen en evidencia sus muchas motivaciones para haber matado a su esposo.

A lo largo del caso, Hae-jun comienza a obsesionarse con su sospechosa, atraído por el deseo y en busca del mínimo factor que apunte a su inocencia.

Aquí nace un romance que parte completamente de la añoranza, de conectar con lo prohibido y que en cierta manera, impulsa a Hae-jun a proteger a Seo-rae a pesar de las obviedades del caso.

Park Chan-wook demuestra por qué es un maestro de la narrativa romántica. Pues atreviéndose a pronunciar los anhelos de sus personajes en voz alta, convierte a su historia en una experiencia que pasa de ser un misterio a un viaje en el que la audiencia apuesta por la imposible pareja. 

Lleva al límite la idea de una conexión que no puede suceder, y lo hace a través de distintos elementos —el caso, la potencial inclinación homicida de su heroína, la infidelidad— que, conforme evoluciona la historia de sus protagonistas parecen importarnos menos, hasta que la audiencia se vuelve partícipe del cariño ciego y hasta cierto punto, tóxico.

Y es que a pesar de ser un gran ejemplo de cine noir, La Decisión de Partir siempre es en esencia el relato de dos personas que a pesar de todo, no pueden dejarse ir.

Contar una historia sin contarla

Desde Oldboy, pasando por Thirst y hasta la aclamada Handmaiden, Park Chan-wook ha firmado su cine a través de la pregunta “¿y después qué?”, alejándose de las aparentes conclusiones para llevar a su historia a un nivel mucho más elevado.

Y de hecho, en la Decisión de Partir es todo lo que sucede después de esta pregunta lo que hace a la cinta intrigante y apasionada. Pues si bien sus primeros actos son más bien predecibles y sus personajes ligeramente arquetípicos, es después de la “primera resolución” que las cosas comienzan a explorar vías más profundas.

El cine de Park Chan-wook siempre ha sido una maestría en el manejo de cinco actos, y la Decisión de Partir no es la excepción. Pues una vez pasando el tercer peldaño “informativo”, es cuando la película se transforma en algo inesperado y muestra los verdaderos tintes que hacen a su historia compleja y eventualmente, devastadora.

Cada parte de la cinta es necesaria para llegar al punto culminante de la misma. Tiene que existir una sensación de romance fugaz en su primera mitad, para que la obsesión planteada en la segunda parte de la cinta —trece meses después en la historia— se solidifique y ponga en jaque todas las cosas que creímos solucionadas previamente.

Sin embargo, tal narrativa no es exclusiva de las acciones de sus personajes, ni de lo que su guión establece, pues el director hace una brillante propuesta visual a través de cada cuadro, con cada movimiento y con tan exquisita composición de los mismos, que podría no existir un solo diálogo y aún así hacer perfecto sentido.

No obstante el director sabe exactamente en qué momentos jugar con el subtexto, y cuándo soltar pequeñas pistas a través del diálogo sobre el final de su historia, por lo que además de hermosamente lograda, el trágico poema de Park Chan-wook resuena también en cada conversación que viven sus personajes.

La pérdida siempre va a doler

El hilo conector de todo es el amor en sus diferentes versiones. El amor que se ha extinguido, el que obsesiona, el que convierte a las personas en completos idiotas. Y brillantemente, cada cara de este es expresado a lo largo de otros personajes que no necesariamente giran en torno a Hae-jun y Seo-rae.

Cada historia sucediendo en La Decisión de Partir tiene un peso, y cuando llega el momento de acercarse a alguna vía, esas pequeñas “tramas aledañas” se vuelven sumamente relevantes para el viaje de sus protagonistas, quienes a través de sus interacciones con tales personajes evolucionan poco a poco su forma de ver y entender sus sentimientos.

Así, mientras Hae-jun puede empatizar con un criminal que ha perseguido durante meses, Seo-rae también descubre que es el cariño que se tiene por otras personas lo que puede detonar acciones y llevar a consecuencias fatales. 

Sin embargo, aunque distintas, cada historia está plagada de tragedia, siempre poniendo de frente lo peligroso que puede ser “querer de más”, y cómo ir sin frenos en dirección a donde el deseo apunta puede ser lo último que hagas.

No todo es tan triste, sin embargo, pues es en esas mismas tragedias que el director logra traducir el dolor y aliviar la tensión a través de una comedia inteligente, no dejando de lado su gran meta: advertir de los peligros de amar con tal fuerza algo que es imposible de tener, que termines perdiendo la cordura por ello.

Seo-rae se vuelve entonces una encarnación de los peligros de desear algo. Pues a fin de cuentas, su último objetivo es que su amor sea recordado a pesar de que eso implique morir para ser el objeto de insomnio de su amante.

Y aunque todo el tiempo el director previene del trágico final de sus protagonistas, la conclusión termina siendo igual de devastadora como la idea de que todos, en algún momento, encontramos a la persona indicada, en el momento menos oportuno.

La Decisión de Partir ya está en cines.

Poster La Decisión de Partir
La Decisión de Partir
Género(s)

Romance, Noir, Thriller

Director(es)

Park Chan-wook

Reparto

Tang Wei, Hae il Park, Lee Jung-hyun, Go Kyung-pyo

Disponible en

Cine

Crítica | La Decisión de Partir

Park Chan-wook regresa al cine con un romance repleto de intriga, obsesión y cuya pérdida cala hasta los huesos a una audiencia que se vuelve cercana a sus protagonistas a pesar de lo arquetípicos que pueden llegar a ser.

Excelenteee

5