Utoya: 3 versiones para entender mejor

El 22 de julio de 2011, Noruega fue el blanco de un doble atentado donde murieron 77 personas.

Después de hacer explotar un carro-bomba en un edificio gubernamental, Anders Behring Breivik condujo hasta la isla de Utoya, en Noruega, para disparar a un grupo de jóvenes que se encontraban ahí de campamento.

Actualmente hay 3 opciones disponibles para conocer más sobre este suceso que aún se mantiene vigente. Te invito a conocerlas, y te comparto por qué cada una vale la pena.

22 de Julio

Original de Netflix, dirigida por Paul Greengrass (Bourne, Capitán Phillips), es la que nos brinda la experiencia más completa. Conocemos el antes, durante y después de los ataques, pues la historia se centra en el propio Breivik y en uno de los sobrevivientes.

Empieza con un ritmo bastante ágil. No se detiene mucho en presentarnos los motivos de los personajes, eso vendrá después, por eso se justifica que el ritmo baje de manera notoria, aunque nunca se vuelve tedioso. Por el contrario, ahora podemos ver cómo la vida de todos los involucrados ha cambiado, y eso lleva tiempo.

Greengrass se interesa en que entendamos el sentir de todas las partes. Tanto cómo el hecho de sobrevivir no significa sentirse feliz y agradecido, como que el estar frente a sus víctimas no significa que el tirador sienta algún remordimiento. Algo interesante es el punto de vista del abogado de Breivik: ¿Qué pasa cuándo debes cumplir un trabajo que cuestiona tus creencias?

¿Por qué verla?

Es la mejor manera de conocer este acontecimiento, a través de una película muy bien hecha. Es entretenida, sin perder de vista el lado sensible de la tragedia. Consigue un balance muy bueno entre la información de un documental con la narrativa de una cinta de un juicio, porque el proceso judicial es sin duda el clímax de esta cinta.

Además, Anders Danielsen Lie logra captar muy bien la frialdad de Breivik con su actuación.


El atentado del siglo: Utoya

Actualmente en cartelera, esta cinta se centra exclusivamente en el punto de vista de las víctimas. Vemos a los jóvenes convivir en el campamento hasta el momento en que escuchan las detonaciones, y tienen que esconderse para salvar su vida. Los personajes son ficticios, pero todo está basado en los testimonios de varios sobrevivientes.

Lo interesante es que está contada en un solo plano secuencia. Es decir, nosotros nos convertimos también en víctimas, lo que ayuda mucho a esa sensación de realismo, pero también llega un punto en el que cansa y confunde. Además, hay varios momentos donde parece que no pasa nada. Sin embargo, el saber que el peligro sigue latente ayuda a que el interés por el espectador nunca caiga, y nos interesemos en los personajes por poco que los conozcamos.

¿Por qué verla?

Porque nunca vemos la cara del atacante y eso crea una tensión constante. No sabemos de dónde vendrá el siguiente balazo, pero tampoco dejamos de escucharlos. La cinta recrea los 72 minutos que duró el ataque, y al sentir la desesperación que se vivió en la isla, podemos entender lo lenta que fue la respuesta por parte de las autoridades. A diferencia del filme de Netflix, aquí no vemos a un cuerpo de policía atendiendo a los llamados de manera eficaz.

Y me parece que es ese punto el que la salva de lo que podría volverse morboso. ¿Por qué ver una cinta que recrea con tanta claridad el dolor y la tensión que vivió un grupo de pesonas? Porque solo así podemos entender los errores cometidos, al ponernos en sus zapatos. Así, tambien logramos ver más que si sólo leyéramos la noticia o escucháramos la anécdota.


Invadiendo el mundo

Documental disponible en Netflix, dirigido por Michael Moore. No habla exclusivamente de los sucesos en Utoya, pero los nombra y lo hace de forma importante.

Moore es llamado al Pentágono. Ahí, deciden pedirle ayuda ante su falta de capacidad para proteger al país, por lo que el cineasta decide “invadir” varios países de Europa y tomar lo que considere útil para Estados Unidos.

¿Por qué verlo?

Es un trabajo lleno de la crítica directa y el humor negro que caracteriza a Moore. Si el tema de Utoya no les atrae, aun así vale la pena verlo por todo lo que aprenderán de muchos otros países europeos. Entre ellos, Noruega.

De este lugar en particular, el director quiere llevarse el sistema penitenciario, basado en la rehabilitación y no en la venganza. La sola idea suena poco probable, pero cuando vemos a los presos viviendo en celdas que podrían ser habitaciones de Airbnb, las comparaciones con las cárceles americanas lucen más atroces.

Aquí llega el momento de recordar la masacre del 22 de julio del 2011. Moore entrevista al padre de uno de los sobrevivientes, quien se muestra tranquilo y sin deseos de venganza.

Si esta es la primera vez que escuchas de los sucesos en Utoya, la noticia de que la pena máxima es de 21 años no suena tan mal. Pero, cuando ya conoces los hechos, se siente insuficiente. Sobre todo al saber que Breivik nunca mostró remordimiento por sus actos: ¿Es este sistema lo suficientemente efectivo para quien ha expresado que volvería a hacerlo todo otra vez?

He de suponer que ésa es justo la idea. Si los sistemas tradicionales no parecen funcionar en otros países, quizás se necesite aplicar una medida diferente ante un caso tan poco común en ese lugar.


Cinéfilo, ¿te gustan las películas basadas en hechos reales? ¿Te agradó que habláramos del mismo tema desde 3 perspectivas diferentes? Déjanos saber tu opinión en los comentarios.