Rojo Amanecer

50 años del movimiento del 68.

El solo pensar este acontecimiento llena de tristeza, enojo, pero sobre todo de confusión. Es impresionante que a cincuenta años, el movimiento del 68 sigue ocupando un lugar muy importante en la memoria de gran número de personas; que las generaciones que no crecieron en ese contexto son capaces de generar empatía y que cada 2 de octubre se organicen contingentes de diferentes escuelas para asistir a la marcha que conmemora a todas esas personas que perdieron la vida aquel día.

El movimiento del 68 en México tuvo, desde luego, muchas repercusiones en el país y en su población. A raíz de esto se han escrito libros, se han realizado películas, levantado memoriales, organizado coloquios, seminarios y exposiciones entre otras cosas.

 

El rector Javier Barros Sierra encabezando la marcha de universitarios. Archivo Histórico de la UNAM

 

Hay mucho material escrito basado en testimonios o en investigaciones que tratan de dar respuesta a las repercusiones que tuvo en la sociedad mexicana; algunos adentrándose un poco más intentan explicar el contexto en el que se originó. Todo puede remontarse a la revolución cultural en Chin; a los movimientos estudiantiles en Europa y Estados Unidos; a la Revolución en Latinoamérica, a la figura de Ernesto Guevara el «Che»; al comunismo, entre otras cosas. Casi todos estos proyectos han sido analizados bajo una perspectiva histórica, a excepción del cine.

 

La ocupación de Ciudad Universitaria el 18 de septiembre de 1968.

 

Las películas se han tomado mucha importancia en cuestiones cinematográficas; pero es importante considerar una aproximación más formal a ellas, ya que se consideran reflejo de la realidad política y social de la sociedad que retratan. Se debe tomar al cine como un documento importante en la comprensión y asimilación de acontecimientos históricos; aún más cuando estos son relativamente contemporáneos, como es el caso del movimiento del 68.

Se trata de entender cómo el séptimo arte busca darle un significado específico a acontecimientos históricos. En este caso el 2 de octubre, teniendo como ejemplo de esto, la cinta Rojo Amanecer.

Rojo amanecer, Jorge Fons, 1989.

 

Rojo Amanecer nos presenta un día cotidiano en la vida de una familia de clase media; la cual vive en el edificio Chihuahua, al lado de la plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco. Todos los integrantes de la familia inician sus actividades con normalidad, hasta que se comienzan a escuchar disparos sobre los estudiantes que se encuentran en la explanada. Ellos mismos comienzan a ser testigos del terrible suceso desde su propio hogar; saben que su hogar no es un lugar seguro.

En su mayor parte la película transcurre en un solo escenario, que es el departamento de la familia. Ocasionalmente vemos vistas fugaces de la explanada de la plaza de las Tres Culturas; escaleras del mismo edificio; la azotea e inclusive el departamento de una vecina. No se observan marchas directamente y esto puede explicarse por la rigurosidad de la confidencialidad en la filmación de la película.

El primer golpe de agresión se intuye en la narrativa de la historia que lo da el ejército; que, aunque no se diga de manera explícita, se puede entender a través de diálogos o escenas.

En cuanto a los jóvenes inmiscuidos en el movimiento, los expone en general como grupos que buscaban un cambio no solo en la educación, si no, a nivel social. Jóvenes que en mayor medida eran movidos por sus pasiones, su entrega y compromiso a sus ideales. En cierta escena, cuando el grupo de jóvenes están escondidos en el departamento y en conjunto repasan lo ocurrido; uno de ellos sugiere la idea de conseguir armas para seguir con el movimiento.

Mientras que los personajes ajenos al movimiento; en este caso la madre, Don Roque y el padre de familia; veían las acciones e ideas de sus hijos con desdén, y al movimiento como acciones sin rumbo ni lógica. Pero ante todo guardaban un miedo latente ante el gobierno.

 

Voces censuradas

Esta película fue la primera en abordar el tema del 68 en México. Fue un proyecto nuevo y apoyado por diferentes instituciones; y el motivo era la emoción de darle voz a este tipo de temas que marcaron a la sociedad. Estrenó en el Gobierno de Salinas de Gortari como un intento de aclarar que la censura era cosa del pasado; pero dicho tema estuvo presente pese a que se afirmase lo contrario. Ello aparentemente se demostró con la autorización de Rojo Amanecer, que ciertamente fue aprobada para su exhibición; pero excluida para competir por el Oscar como la mejor cinta extranjera. [1]

Rojo Amanecer es una cinta que resulta interesante por haberse convertido en un estandarte de la política Salinista; y por haber logrado la unidad de varios sectores del medio cinematográficos. La historia de su autorización inició con la espera demorada por parte del RTC (Dirección General de Radio, Televisión y Cinematografía) para su confirmación. La cinta abordaba al 2 de octubre de 1968, hasta entonces nuevo dentro de los largometrajes de ficción del cine mexicano. [2]

Durante el estreno del film en la Cineteca Nacional, con sala llena hasta los pasillos; las opiniones y comentarios de los participantes llegaron enseguida. La película despuntaba como la cinta del año, llenando salas desde el inicio de su exhibición. Héctor Bonilla, coproductor y actor de Rojo Amanecer, comentaba: «La idea de realizarla fue buscar hasta las últimas consecuencias lo mejor que se pudiera hacer para difundirla; estábamos preparados para su mercado solo en casetes y repartirlos en forma clandestina o tratar de conseguir su exhibición normal”. [3]

Es importante no olvidar, pues el olvido nos condena y no precisamente a repetir los mismos errores. El olvido nos condena a la ignorancia y la apatía, y nos conduce inevitablemente a la injusticia.

Hoy estamos aquí; Jóvenes, niños, adultos, ancianos y lo único que puede relacionar a todos, son nuestra hambre y sed de paz. “El 68” no se debe volver a repetir porque nunca debió de haberse permitido. Se cumplen cincuenta años de un acontecimiento que para bien o para mal, marcó la historia de México por siempre. Somos nosotros, quienes tenemos la responsabilidad de hacer valer la memoria, de esas personas que fueron forzadas a callar.

[1] Isis Saavedra Luna, Entre la ficción y la realidad fin de la industria cinematográfica mexicana 1989-1994, Coyoacán, México, D.F, Universidad Autónoma Metropolitana, 2007, p. 35.

[2] Ibídem. p. 281

[3] Ibídem. p. 282