Misterio a bordo: ¿Adam Sandler se renueva?

La nueva comedia de Netflix trata de ser un nuevo paso en la carrera de Sandler

Con más de 50 películas en su carrera, pudiera parecer que Adam Sandler estaría agotado, no en recursos pues su productora Happy Madison goza de buena salud financiera, pero sí en creatividad y estilo. En Misterio a bordo, el actor trata de sobreponerse a esa sospecha.

Movido por intenciones claras de apropiarse y actualizar argumentos de cuentos infantiles, Sandler encontró muy pronto su zona de confort interpretando a un príncipe-héroe infantil e incomprendido (no sólo en Bedtime stories sino también en Un papá genialMr Deeds., o Como si fuera la primera vez…).

Su inflado ego lo hizo acompañarse de actrices carismásticas y atractivas (Drew Barrymore, Salma Hayek, Jennifer Aniston), al mismo tiempo que de actores secundarios generalmente ridiculizados por su peso, su color de piel, sus rasgos físicos, o sus excentricidades. Esto lo dejaba siempre como víctima de sus propios encantos: inteligente, cortés, romántico, o simplemente suertudo, Sandler es el quijotesco «desfacedor de entuertos» en sus propias películas.

Fotograma de Son como niños (2010)

 

En 2017, dirigido por Noah Baumbach, Sandler no sólo fue elogiado en el Festival de Cannes (repitiendo lo ya conseguido con Punch-drunk love de Paul Thomas Anderson en 2002, aunque con menos reflectores), sino que finalmente convirtió a su perpetuo niño en un adulto, inmaduro y torpe todavía, pero con actitudes tercas más interesantes y con una vida interior más compleja y no necesariamente condenada al éxito. Así, después de The Meyerowitz stories, Sandler protagonizó junto a Chris Rock una comedia decorosa y efectiva en La peor semana para luego embarcarse, literalmente, en Misterio a bordo, cinta que se ha convertido ya, durante su primer fin de semana, en la más vista de Netflix.


Del cuento de hadas a la novela policiaca

A Adam Sandler el papel de príncipe siempre le resultó bastante conveniente. Su galantería en sus comedias romáticas no reside en su aspecto físico, sino en su carisma y su buena actitud. En ocasiones, como en Una esposa de mentira (2011) o en Luna de miel en familia (2014), esa actitud se ve envuelta en una ciega pedantería que acaba, tarde o temprano, desbaratándose y dejando al descubierto al esposo-padre-amigo incondicional y cariñoso.

Este heroísmo, construido con muchos motivos de los cuentos infantiles (el origen trágico del protagonista, la damisela en apuros, las ayudas inesperadas), y que no es más que un resabio del sueño americano —»con esfuerzo y buena voluntad conseguirás tus sueños»—, pone en evidencia también las limitantes del cuento infantil. Personajes estereotipados, repeticiones de acontecimientos para avanzar la trama y una actitud un tanto misógina que relega a la mujer a mero adorno, o prenda que necesita ser rescatada, son una constante también en las películas de Sandler.

Sin embargo, en Misterio a bordo, la base ya no es el cuento infantil, sino la novela policiaca, especialmente la escrita por la popular Agatha Christie. Sandler interpreta a Nick Spitz, un oficial de policía que le hace creer a su esposa Audrey (Jennifer Aniston) que es detective. Tras 15 años de matrimonio, la relación de los Spitz es monótona y llena de frustraciones: la mayor, el viaje a Europa que Nick le prometió a Audrey cuando recién se casaron.

Con tal de no ser descubierto en el engaño del falso puesto de detective, Nick compra improvisadamente un vuelo a Málaga, España, donde Audrey conocerá a Charles Cavendish (Luke Evans), quien los invitará a una reunión familiar, un tanto secreta, en un yate privado.

Allí será el escenario del crimen y donde conoceremos a los personajes (para nada novedosos en la filmografía de Sandler) sospechosos: la chica exhuberante actriz porno Grace Ballard (Gemma Arterton), el ruso gordo y huraño Sergei (Ólafur Darri), el coronel africano con mano amputada Ulanga (John Kani), el excéntrico maharaja indio Vikram (Adeel Akhtar), el corredor mexicano de autos que no sabe hablar inglés Juan Carlos Rivera (Luis Gerardo Méndez), la jovencísima amante oriental Suzi (Shiori Kutsuna) y el magnate Quince (Terence Stamp) que será asesinado.

Con una fórmula no muy difícil de predecir, Nick y Audrey irán desentrañando el misterio del asesinato hasta convertirse en los herederos —y en la parodia— del famoso detective de Agatha Christie Hércules Poirot, también bigotón y regordete como Nick.


Misterio a bordo: ¿más que estereotipos?

De golpe, da la impresión de que los vicios de las películas de Sandler (sin importar quién sea el director) continúan intactos: la torpeza del protagonista acaba siendo su principal ventaja y la clave de su triunfo.

No obstante, hay un ligero cambio en el tratamiento del personaje femenino. A diferencia de Jack y Jill (2011), donde el personaje femenino sí era importante para la resolución del conflicto, ¡pero era interpretado por el mismo Sandler!, en Misterio a bordo Audrey ya no sólo es la esposa-adorno de Nick, sino que contribuye activamente a la resolución del misterio. Este gesto, que pudiera verse como condescendiente, representa en la carrera de Sandler un significativo avance. Al fin se ha dado cuenta de que las mujeres son algo más que trofeos.   

No es de extrañar que los demás actores masculinos carezcan de una personalidad más allá del estereotipo y que el mismo espacio donde se sitúa la historia (Málaga, España), apenas rebase la caricatura. En Luna de miel en familia ya habíamos visto una ridiculización semejante de África y, nunca hemos visto que en una película de Sandler los reflectores no recaigan sobre él: ni siquiera el presidente de Estados Unidos puede tener más peso que él, como lo vimos en Pixeles (2015).

Tampoco lo es el hecho de que el reparto sea un coctel de nacionalidades: el guiño globalizante de Netflix no podía quedarse fuera. Lo que sí llama la atención es la amenaza de la última escena de Misterio a bordo: el nombre del tren en el que los Spitz se suben: Expreso Oriente. ¿De verdad Netflix y Sandler planean producir una interminable saga de pastiches de Agatha Christie? Ojalá que no.

¿Podríamos decir, a pesar de todo esto, que Misterio a bordo represente un avance en la carrera de Sandler? Creo que sí. Bien para los fanáticos que, dadas las 30 millones de vistas que la cinta consiguió en un fin de semana, sabemos que se cuentan por legiones.


Cinéfilas y cinéfilos, ¿ya vieron Misterio a bordo?
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