Fahrenheit 451

Sin los libros no tenemos pasado ni futuro. No tenemos nada. – Ray Bradbury.

Al escribir o leer Ciencia Ficción, ocurre un fenómeno curioso. Dado que varios de los trabajos originales del género se situaban en el futuro, poca idea había de cómo serían las cosas. Es así como llegamos a la época que la literatura decía, donde los cambios tecnológicos son varios, pero donde no sucedió exactamente lo mismo que los autores predecían en sus páginas.

No era su trabajo, claro, adivinar cómo sería el mundo un siglo después; aunque en muchos aspectos sí acertaron.

Como todo en el universo, la ciencia ficción evoluciona con el humano; y es importante retraducir los clásicos a generaciones más jóvenes que encuentran soluciones a problemáticas que se contaron en un libro de los 50s. Es de esta forma en que las novelas e ideologías futuristas, mutan a historias de una realidad alterna a la nuestra.

Fahrenheit 451 es uno de estos libros clásicos e universales, escrito por Ray Bradbury. La historia sigue a Guy Montag, un bombero que vive en un lugar donde los libros son considerados un crimen y él un héroe. Pues en ese mundo, los bomberos se dedican a empezar incendios para terminar con la plaga del graffiti de libros; prohibidos luego de la segunda guerra civil. La sociedad del futuro lo ha querido así; pues tener un libro, obliga a las personas a pensar y más adelante a abandonar la felicidad con la que llegaron a este mundo…. o eso suponen, al menos.

Bien sabemos que adaptar uno de los libros más importantes de la humanidad no es tarea sencilla; y quizá es por eso que no muchos se han atrevido a traducir tal historia a la pantalla. Hasta ahora, que Ramin Bahrani (99 Homes), y HBO se dieron a la tarea de reescribir el libro a film para televisión.

Para empezar, el cast es sumamente atractivo; contando con varias de las personalidades hollywoodenses que mayor influencia han tenido en el público el último par de años. Es así como Michael B. Jordan encabeza el elenco en los zapatos de Montag; Michael Shannon como el Capitán Beatty y Sofia Boutella como Clarisse McClellan. Este elemento se vuelve el pilar principal de la cinta; mismo que más adelante veremos si funciona o no.

Fahrenheit 451 fue escrito en una época donde el gran enemigo tecnológico era la televisión; y donde la revolución intelectual residía en las piezas literarias. Para su adaptación a 2018, fue necesario reinterpretar a la sociedad y ampliar el margen de tecnología; presentándonos un mundo donde prácticamente toda la ciudad es una pantalla y las redes sociales el medio más importante del país. Cosas que resultan mucho más familiares para los que nacimos a finales del siglo pasado y en fechas más recientes. Asimismo, los archivos de los eels también van más allá de los libros; y se dedican a proteger también films históricos, música y arte en general. Así como hacer respaldos digitales de grandes historias; más allá de su conocida misión de memorizar dichas piezas.

Y aunque este cambio resulta necesario para contar la historia en la actualidad; cuesta afianzar la relación con el mismo durante los primeros minutos. Claro que una vez ya entrados en contexto se vuelve algo común, y de pronto nos encontramos pensando en Black Mirror, HAL de 2001: Space Odyssey, Ex-Machina; entre otras historias donde el poder de la tecnología fue más que las personas.

Empecemos por las cosas que funcionan en esta adaptación.

Como toda producción de HBO, la imagen está bellamente cuidada y a lo largo del film se mantiene una identidad gráfica similar. La ciudad contrasta entre oscuros y luces neón; mientras que los sitios que se apartan de la ideología de aquel tiempo, se miran desgastados y sin intervención digital alguna.

El diseño de producción en general luce bastante bien; considerando el detalle minimalista que se da a cada uno de los escenarios y lo sencillo que es sumergirse en la historia gracias a ellos. Y aunque de momentos flanquea y pierde esa construcción que se le había dado desde el comienzo, logra recuperarse para la recta final.

Como es de esperarse, las actuaciones están bien definidas. El trabajo de sus tres créditos principales reluce con cada escena, así no resulte tan importante para el argumento.

Quien especialmente sobresale en ello, es Boutella; de quien estamos acostumbrados a ver papeles de chica inhibida con escasos diálogos. Pero que aquí prácticamente carga la cinta sobre sus hombros, independientemente de lo que hace Jordan por su parte. Boutella demuestra una capacidad actoral que va más allá de un tipo de personaje específico, y demuestra que no pertenece a una clasificación definitiva.

Michael Shannon y B. Jordan le siguen con total naturalidad; cómodos en el personaje que están interpretando y creyendo en el universo en que se desenvuelven.

Tal credulidad es necesaria, pues es en la parte narrativa y de guión donde Fahrenheit pierde fuerza. Quizá es al momento de querer insertar tantas referencias, que la película se satura; cobrando de repente más importancia los pequeños easter-eggs en cada acto, que la trama misma. Igualmente, es por ello que varias escenas de extienden más de lo necesario; queriendo el director darle su lugar a cada uno de los títulos a los que intenta hacer honor.

No podemos culparlo del todo por ello; pues de encontrarnos en su lugar, muchos de nosotros haríamos lo mismo, teniendo material de sobra para realizar breves cameos y demás referencias.

Igualmente, de pronto nos encontramos con muchísimas alternativas con las qué cubrir los plot holes del trabajo original (hablándose en una época actual): Desde las versiones digitales de las obras, el milagroso ADN al que no se le da la profundidad necesaria, etc. Por lo que, más que construir una historia nueva adaptada al siglo, parece un intento por evitar que algún millennial o centennial de una opción para tirar el teatro de la propuesta. 

Es por eso que en sus intentos por adelantarse a las alternativas, Fahrenheit 451 pierde el hilo de su propia historia; y se toma más tiempo para plantearnos la situación y lo que no podemos hacer, en lugar de enredar a Guy Montag en el lío en el que se supone que debe estar. El ritmo con el que se está llevando a Montag a lo que será el cambio más importante de su vida; se ve sumamente aplanado en esta película, y eso afecta directamente en el interés que estamos poniendo a la misma.

Esto da como resultado un inicio denso y largo, y una conclusión precipitada. Que si bien, las resoluciones cumplen con lo establecido en la novela de Bradbury; se sienten apresurados e incluso ligeramente improvisados. Tal efecto no sólo pega a la parte del argumento principal, pues también se ven afectadas las relaciones entre los personajes; haciendo poco creíble la conexión entre Montag, Clarisse y el resto de los Eel. Sin embargo, si algo puede rescatarse de aquí, es la relación entre Beatty y su protegido, la cual culmina de la forma en que debe hacerlo.

La pregunta al final es: ¿Esta cinta logra capturar la esencia de Fahrenheit 451? La respuesta es un sí… pero de una forma muy diluida. Pues entre las virtudes que se pueden destacar de la película, — sobre todo la escena Omnis—; no sabría decir si realmente inspira a los públicos más jóvenes a leer el original de Bradbury; o si satisface a los que quedaron encantados con el libro la primera vez.

El libro vence de nuevo

El esfuerzo se agradece; pues desde 1966 no se tenía una adaptación de la novela. Sin embargo, me atrevería a decir que Fahrenheit 451 vive de forma perfecta entre páginas, y que una historia audiovisual es un buen complemento, aunque innecesario.


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