Escrito por:

El Baile de los 41 y la Institución de la Homofobia

Alejandro Ohtokani

Un romántico-crítico de la vida. Fanboy de Bergman y Walter Mercado.

23 noviembre, 2020
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Escrito por: Alejandro Ohtokani
El Baile de los 41 repasa uno de los episodios más oscuros en la historia mexicana, aquel donde la homofobia nacional se hizo presente.

Era la noche del 18 de Noviembre de 1901, un grupo de policías recorrían la calle de La Paz en la colonia Tabacalera, cuando una serie de elementos llamaron su atención: el ruido generado en una fiesta y los elegantes carruajes que esperaban fuera del lugar.  Llamados por la curiosidad decidieron adentrarse en el recinto para echar un vistazo sobre lo que sucedía, lo que vieron les resultó inverosímil: un grupo de hombres danzaban entre ellos, la mitad iban arropados de frac, moños y sombreros de copa, mientras los demás portaban vestidos, aretes y pelucas. 

Fundamentados en que lo observado era una falta a la buenas costumbres, se realizó una redada en el local. Fueron detenidas un total de 42 personas, sin embargo el número que aparecería en los diarios nacionales contabilizaba uno menos, los rumores indican a Ignacio de la Torre -quien fuera cuñado del entonces mandatario Porfirio Díaz- como el sustraído de aquella lista. 

Aunque la mayoría de los asistentes formaban parte de la aristocracia y compraron el silencio de las autoridades, 12 de los involucrados no tuvieron la misma suerte, fueron señalados ante el ojo público y posteriormente condenados a realizar trabajos forzados. 

El Baile de los 41

Dicho suceso representa para la comunidad homosexual en el país, el inicio de una larga lucha por la visibilidad, el respeto y la obtención de derechos. Parte del cumplimiento de este objetivo es rememorar el susodicho evento histórico, y por tal razón David Pablos decidió llevar su historia a la pantalla grande. 

Tras la confección del baile 

Aunque el baile anual se trata del punto climax en la trama, el tercer largometraje en la filmografía de David Pablos se centra en la figura del ya mencionado Ignacio de la Torre, sus aspiraciones políticas mezcladas con sus relaciones interpersonales: el matrimonio por conveniencia e imagen con Amada Díaz -la hija favorita de Don Porfirio-, y el verdadero amor expresado en la clandestinidad hacia Evaristo. 

Al tratarse de un relato que se suscita en el círculo aristócrata, los elementos que ambientan el mismo son los primeros que relucen: los impecables vestuarios a cargo de Kika Lopes y diseño de producción realizado por Daniela Schneider que se aleja de una decoración francesa para pintar una ornamentación con tintes japoneses.

A tales intenciones de trastocar lo clásico se unen las composiciones a cargo de Carlo Ayhllon y Andrea Balency-Béarn, quienes entremezclan la música clásica y electrónica, mientras que la fluidez de la misma es dictada por la emocionalidad de los/as personajes: errática cuando se encuentran en lo público y dicha prisión les persigue a lo privado; desenvuelta y libre cuando están en el club.

El Baile de los 41

La cámara de Carolina Costa se convierte en nuestros ojos para adentrarnos en los espacios íntimos donde ocurre la historia, sus trazos estilizados buscan que sus protagonistas no se enteren de su presencia. A la vez que potencia la narrativa visual  centrada en los detalles del director mexicano, además de las actuaciones perpetradas  por Alfonso Herrera, Mabel Cadena y Emiliano Zurita, quienes brindan interpretaciones fundamentadas en sutiles gestos faciales y una rudeza corporal. 

Precisamente sobre esto último, el largometraje utiliza las escenas de relaciones sexuales como resonancia de aprehensión o libertad que enfrentan sus personajes, quienes por los prejuicios sociales ven sacrificado su verdadero ser y alegría, donde al ser obligados a vivir en el ocultismo, sólo terminan lastimando a las demás personas que se involucran en el camino.

El guión coescrito por el mismo director y Monika Revilla es muy ingenioso en este sentido, pues a la vez que no idealiza a sus personajes pues los muestra con sus virtudes y vicios, señala -principalmente sobre estos últimos- como resultado de una estructura que los antecede y supera, la cual se encuentra preparada para castigar a quienes no se ajusten al status quo promulgado por la biblia de la intolerancia. 

El Baile de los 41

Dios lo ve todo

Al pensar que la causante de la redada al baile fue su esposa Amada, Ignacio le recrimina y ella simplemente pronuncia: “Dios lo ve todo”. La frase funge en dos sentidos, primeramente se trata de una metáfora a la figura de Porfirio Díaz, al poder concentrado en su persona al más puro estilo del panóptico descrito por Foucault: la habilidad de con unas simples palabras decidir el futuro de toda una nación, y por lo tanto la posibilidad de premiar/castigar a quienes representen una amenaza a su omnipotencia política o no cumplieran con lo que él consideraba como buenas costumbres. 

Sobre esto último gira el segundo sentido, la religión católica: las culpas y prejuicios que han sedimentado en la población nacional, quien junto al poder político tradujo dichas características en penitencia y humillación para las personas involucradas en el baile. 

Y así como el baile de los 41 fue el primer evento que puso en el ojo público la discusión en torno a la homosexualidad, la cinta dirigida por David Pablos busca reanimar el debate, mostrar como a 119 años de tal evento, la comunidad LGBT continúa enfrentándose a problemáticas de índole similar, donde la libertad y su experiencia sigue cohibida, rechazada o castigada en muchos espacios dentro del país y mundo. Como mencionaba Carlos Monsivais al repasar los hechos: “Soy lo que me han obligado a hacer, y a partir de allí mezclando diversión y tristeza, soy algo distinto.” 

¿Qué opinan, Cinéfilas y Cinéfilos? ¿Ya vieron El Baile de los 41?

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El Baile de los 41 y la Institución de la Homofobia

Alejandro Ohtokani

Un romántico-crítico de la vida. Fanboy de Bergman y Walter Mercado.

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