Escrito por:

Druk-Otra ronda de excesos: Una oda a la vida

Alejandro Ohtokani

Un romántico-crítico de la vida. Fanboy de Bergman y Walter Mercado.

12 enero, 2021
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Escrito por: Alejandro Ohtokani
 Druk es el intento de Thomas Vinterberg por mezclar una exploración sobre el consumo del alcohol y una oda a la vida.

En 1995 dos jóvenes daneses causarían ruido en la industria cinematográfica, mediante la publicación de un decálogo que se anunciaba como el futuro del séptimo arte, bajo el cual sus creadores Lars Von Trier y Thomas Vinterberg realizaban un voto de castidad entorno al mismo en lo que respecta a la hora de filmar.  

Fanáticos de lo realizado por la Nouvelle Vague e inspirados en los filmes independientes de John Cassateves, los diez mandamientos contenidos en el llamado Dogma 95, son un especie de plagio malentendido a lo propuesto por François Truffaut en su ensayo Cierta Tendencia del Cine Francés, donde en resumidas cuentas se optaba por un trabajo creativo que llevaría la contraria al esquema hollywoodense de costosas epopeyas, dicha característica, en esencia fue cumplida gracias a las nuevas herramientas tecnológicas que comenzaban a obrar en favor de la democratización del cine.

Druk

Sin embargo a diferencia de lo sucedido con la Nueva Ola Francesa, donde la revolución narrativa no sólo se suscitaba en la forma sino en el fondo -es decir, la construcción/ experimentación del lenguaje-, el susodicho movimiento danés no sólo era impreciso en su normativa -como en los instantes donde enuncia que no se aceptan filmes de género o desarrollo superficial de acciones-, sino que al mismo tiempo eliminaba entre sus puntos gran parte de la riqueza de la dialéctica ficcional que conforma al séptimo arte: no permitiendo la mezcla de sonido, decoración del set, juego con temporalidades, espacios, etc. 

Por tales situaciones el mismo movimiento se disolvió apenas a los 10 años, pero eso no detuvo a Von Trier ni Vinterberg de continuar dedicándose al quehacer cinematográfico y a lo largo de los años han continuado cosechando un gran público de personas adeptas a su trabajo. Este año, el segundo de los mencionados estrenó su filme más reciente: Druk. 

Druk

Bajo la influencia del 0.05% de alcohol 

Cuatro amigos que se dedican a la docencia se encuentran en la crisis de la mediana edad, todos perciben que han dejado de estar presentes en su propias vidas y sus relaciones fracturadas y estancamiento laboral son resultado de que se han vuelto aburridos, por lo que como propuesta para revertir la situación, uno de ellos saca a colación una vieja teoría que supone que nacimos con un 0.05 % de alcohol en la sangre, y por lo tanto cotidianamente deberíamos mantener dicha concentración para un óptimo funcionamiento.

Así que todos pactan llevar a cabo el experimento y recabar los resultados en un ensayo académico, pero al notar los buenos resultados que implica para su vida, comenzarán a aumentar la dosis hasta llegar al extremo lo que desembocará -en diferentes medidas- tragedia para cada uno de los involucrados. 

Es innegable que lo mejor del relato recae en la actuación de Mads Mikkelsen, quien logra desprenderse de toda el aura que conforma en el inconsciente colectivo pop, de manera que nos resulte verosímil la imagen de un hombre falto de confianza, atrapado en la cotidianidad, y que posteriormente recupera vitalidad como simboliza la mejor escena del filme: el baile en el puerto. 

Fuera de eso sólo me parece destacable la satírica secuencia lograda gracias al montaje externo, donde vemos desfilar a diversos personajes importantes de la política y se nos sugiere que las/os mismos/as implementan la técnica que los protagonistas del filme llevan a cabo.

Druk

Personalmente creo que los grandes vicios del Dogma 95 siguen a Vinterberg, su exclusión por la manipulación de los elementos cinematográficos ya mencionados en la introducción, más que un elemento antiestablisment me parece un acto de pereza creativa. 

Es obvio que en la actualidad el director danés se ha alejado del extremismo propuesto en el decálogo y hace uso de departamentos como maquillaje, vestuario, etc. Se trata de una evolución natural, pero cada una de sus imágenes y sonidos me remiten a un realizador vago, que utiliza la cámara en mano como un recurso sin sustancia, para evitarse planear encuadres, colores e iluminación que acompañaran cada escena, del sonido mejor ni hablamos. 

Y todo lo anterior, lo intenta solventar mediante una serie de eventos anecdóticos que se fundamentan en algún precepto / teoría científica o filosófica, que brinden la impresión de profundidad en el relato, lo que en realidad termina develando un acto de pura pedantería. 

Druk

Sin rumbo

Esto último se ve reflejado en el tratamiento temático que tiene la cinta,  el ganador del Premio del jurado de Cannes en 1998, menciona que buscaba realizar una exploración sobre los dos grandes espectros que el alcohol puede provocar en la sociedad, al mismo tiempo que conversara sobre la crisis de la mediana edad y como una persona recupera alegría en su vida. 

Sin embargo, Vinterberg no es Charlie Kaufman y su cambalache de temáticas nunca termina de embonar. A pesar que aborda dos caras de una misma moneda: los peligros del alcoholismo y el consumo moderado que “trae consigo una mayor receptividad a la creatividad”, la historia pareciera aleccionar por ambos lados, en el primero da la impresión de caer en el tópico de una campaña antidrogas y en lo segundo buscando sorprenderte con dos/tres ejemplos sobre como un sustancia puede ayudarte a escribir mejor una novela o dirigir a un país. 

Así como el mismo Dogma 95, Druk me parece un buen intento, que no pasa de ello por un desarrollo y planteamiento trompicado por no llamarlo torpe. Pero supongo que es parte de aquella filosofía propuesta por Kierkegaard sobre aceptarnos como falibles.

 

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Druk-Otra ronda de excesos: Una oda a la vida

Alejandro Ohtokani

Un romántico-crítico de la vida. Fanboy de Bergman y Walter Mercado.

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