BAD TIMES AT EL ROYALE

Un asalta bancos, un agente federal, una cantante y una secta se van de fin de semana a este peculiar hotel.

Tener un reparto de alto calibre, puede representar más un reto que una ventaja.

Drew Goddard, escritor de series como Buffy (1997-2003), Angel (1999-2004) y Alias (2001-2006), dirige su segundo largometraje acompañado de rostros muy familiares. En una cinta clásica de atracos, nos transporta a la década de los 70 situándonos en un emblemático hotel entre California y Nevada.

¿De qué se trata?

En el otrora famoso y concurrido hotel El Royale, llegan a hospedarse 4 desconocidos con muchos secretos en el armario.

Recibidos por el tímido y atormentado Milles (Pullman), un vendedor de aspiradoras (Hamm), una cantante (Erivo) y un sacerdote (Bridges) hacen check-in en el mostrador; a la par, una hippie (Johnson) llega de último para alquilar la habitación más sencilla del hotel.

Cada quien con sus asuntos particulares comienzan a desempacar en sus respectivas habitaciones. Mientras, a modo de flashbacks, veremos los motivos por los que llegaron a El Royale.

Todo se complica cuando las verdaderas identidades salen a flote y las intenciones de cada uno se obstruyen entre sí.

El bondadoso padre Flynn es un experimentado asaltabancos, el insufrible vendedor es un honorable agente federal, la chica rebelde es una temeraria vengadora y, al parecer, sólo Darleen (la cantante) está en el momento y lugar equivocados. Hasta el tímido Milles esconde más secretos de los que aparenta.

Todo se conjuga para que, al final, un carismático pero sanguinario Chris Hemsworth llegue para reclamar lo que es suyo y convierta el hotel en un verdadero infierno.

Lo bueno…

Bad times at El Royale es muy entretenida. Las actuaciones, en general, son bastante efectivas. Destaca la experiencia de Jeff Bridges, que de la escena más pequeña, puede llenar la pantalla con dos o tres frases.

Tiene buen ritmo, de hecho, me recordó bastante a Smoking Aces (Joe Carnahan, 2006) tanto por la trama, como por los giros de tuerca y revelaciones que se van haciendo a lo largo de la cinta.

La cinta logra mantener el interés del espectador. A pesar de caerse por minutos, logra enganchar de nuevo justo en el momento adecuado.

Lo malo…

Es imposible no hacer la comparación con los trabajos de Tarantino; la música, la estética, algunos diálogos, el reparto multiestelar. Lamentablemente para Goddard, la película se queda como un buen intento nada más.

Donde se hace más notoria la falta de experiencia del director, es en el balance que tuvo que hacer con tantas estrellas. No logra sacarles jugo a todos y es una lástima.

Al ser el director y escritor pudo conjugar estos aspectos, pero pierde la oportunidad en varios momentos de la historia; ahonda demasiado en partes de los personajes que resultan irrelevantes y en el arco final resuelve de manera apresurada el clímax de la cinta.

En conclusión…

En Malos tiempos en el Royale, nos encontramos con una buena historia de atracos y secretos. Pero a pesar de sus dos horas y media de duración y la edición por capítulos al estilo Tarantino, queda de alguna manera inconclusa.

Los cabos sueltos son de temas demasiado mencionados y que, como espectador, te dejan ansiando una resolución. Por otro lado, las temáticas principales se resuelven de manera muy simple y el desenlace se siente forzado.

Sin embargo, es una buena opción para pasar una buena noche de películas.